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El clarinete de María Gabriela Gutiérrez: una exégesis sonora de Mozart en Bohème

La clarinetista María Gabriela Gutiérrez regresó a su tierra para desentrañar, junto a un cuarteto de la OFMA, los personajes ocultos tras la perfección técnica del Quinteto K. 581.

PorVanessa González Hernández
El clarinete de María Gabriela Gutiérrez: una exégesis sonora de Mozart en Bohème

Lechería (Anzoátegui), 25 de abril de 2026.

Hay momentos en que la música de cámara deja de ser un ejercicio técnico para convertirse en una conversación necesaria. Este viernes 24 de abril, el Centro de Arte Bohème fue testigo de esa transformación cuando el cuarteto de cuerdas de la Orquesta Filarmónica Metropolitana de Anzoátegui (OFMA) y la clarinetista María Gabriela Gutiérrez se unieron para habitar el universo de Wolfgang Amadeus Mozart.

La herencia de Stadler y la voz del clarinete

El Quinteto para clarinete en La mayor, K. 581, compuesto en 1789 —el único terminado por Mozart para esta formación— nació de la profunda admiración del genio de Salzburgo por el clarinetista Anton Stadler. Gutiérrez, consciente de esta carga histórica, antes de iniciar su interpretación explicó a la audiencia cómo Mozart explotó por primera vez las capacidades líricas del instrumento, tratándolo no como un acompañante, sino como una voz humana capaz de transitar por todos los estados anímicos.

Para la solista, que actualmente reside en Caracas, la ejecución de esta pieza representó la cristalización de un anhelo personal. Confesó que abordar esta obra era un sueño cultivado desde sus inicios, motivado en gran medida por su admiración hacia la alemana Sabine Meyer, una de las intérpretes más brillantes del clarinete a nivel mundial. Para la artista anzoatiguense, Meyer ha sido una brújula en su carrera, y el K. 581, el terreno donde esa influencia se hace tangible.

Más allá de lo emocional, destacó el rigor técnico que exige el universo mozartiano y su “música pura”. Según Gutiérrez, esta obra es fundamental para el estudio del clarinete, no solo por su complejidad mecánica, sino porque obliga al intérprete a alcanzar un nivel superior de musicalidad. El desafío reside en la fluidez del sonido y en la capacidad de construir fraseos y articulaciones con la elegancia y pulcritud que el estilo de Mozart demanda.

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Excelencia artística en Bohème: la solista María Gabriela Gutiérrez junto al cuarteto de cuerdas de la OFMA, liderado por el maestro Oswaldo Pajares, durante un diálogo técnico y emocional sin fisuras.

Tres personajes, tocando la historia

Lo que elevó la noche fue la exégesis que la solista compartió con la audiencia. Antes de que el arco rozara la cuerda, el público ya sabía qué buscar. La música se convirtió en narrativa viva:

  • La condesa despechada (primer violín): encarnada por el liderazgo de Oswaldo Pajares, cuyas cuerdas proyectaron la nobleza y el lamento de un corazón herido, estableciendo la tensión emocional del relato.

  • El encantador (clarinete): personificado por María Gabriela Gutiérrez, quien utilizó la brillantez y agilidad del instrumento para evocar la seducción y el carisma de este arquetipo operístico.

  • El mendigo (viola): representado por Vanessa Ábalos, con voz profunda y austera que aportó la vulnerabilidad necesaria para completar la tríada humana de la obra.

Además, el soporte instrumental, completado por Janier Pérez (segundo violín) y Ornella López (violonchelo), demostró una cohesión notable. Con esto, el ensamble logró una madurez interpretativa capaz de sostener este diálogo de personajes sin fisuras, tejiendo una atmósfera de texturas aterciopeladas y una comunicación constante entre miradas que cautivó a los presentes.

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Más que un recital, una exégesis sonora donde los personajes ocultos del Quinteto K. 581 son desentrañados con perfección técnica antes de la gran gala 'Tocando Historias'.

Un bis para la identidad

Tras el rigor de Salzburgo, el cierre de la velada giró hacia nuestra propia identidad. En un gesto de notable versatilidad, Gutiérrez cambió la madera del clarinete por la plata de la flauta traversa para interpretar "Natalia", el eterno vals de Antonio Lauro.

Antes de iniciar,  Pajares intervino para contextualizar la magnitud de la pieza. Resaltó que Lauro no solo es un símbolo afectivo, sino un pilar académico: su obra es de estudio obligatorio en los conservatorios del mundo para la cátedra de guitarra, siendo el estándar de oro de la técnica y la rítmica venezolana. La interpretación de Gutiérrez, de una ligereza etérea, ratificó por qué estas "páginas" nacionales tienen un lugar reservado en el canon universal.

Este recital gratuito e íntimo actuó como el preludio ideal para el gran concierto “Tocando Historias”, que se presentará este miércoles 29 de abril en el Hotel Eurobuilding de Lechería, donde la OFMA celebrará sus dos décadas de trayectoria integrando, una vez más, las letras con las bellas artes.