El Festival Clave 88 despertó al piano de Chelique Sarabia en la intimidad de Casa Dúo
El recital integró a Lechería con la memoria del Teatro Cajigal y el arte de tres pianistas que transitaron con fluidez de la densidad romántica al jazz, el joropo y al cierre definitivo con El Diablo Suelto.

LECHERÍA. Por fuera, la estructura cuadrada y de paredes escarapeladas no delata el universo que resguarda. Pero al cruzar el umbral de Casa Dúo, la pulcritud de la luz y el color revelan un bastión del arte contemporáneo local que sus fundadores, los artistas visuales Pilar Gispert y Pablo Moncada, definen como "la casa de lo posible". En ese hogar multisensorial, la noche del pasado sábado 6 de junio, unas 80 personas —la crema y nata de las artes plásticas, músicos y cultores de la ciudad— se refugiaron a las 7:30 p.m. para habitar una velada estrictamente íntima.
La presentación formal estuvo a cargo del guitarrista clásico Daniel Beltrán, cediendo la escena al maestro Oswaldo Pajares, quien recordó el norte medular del festival: "levantar la conciencia en relación a la apreciación del piano". Acto seguido, Pilar Gispert tomó la palabra para descifrar la atmósfera. El escenario era una obra en sí misma: estaba arropado por "El Bosque de las Luciérnagas", una instalación de su autoría diseñada especialmente para la ocasión ( inspirada en los bosques de Mérida y El Ávila y las luciérnagas que allí habitan), y cuyo piso vestía el antiguo telón vinotinto del Teatro Cajigal de Barcelona, el mismo textil histórico que por más de 20 años abrió y cerró cientos de ficciones en la región.
En el centro de esa complicidad visual reposaba el verdadero imán de la noche: el piano negro de media cola marca Sohmer que perteneció al fallecido cantautor Chelique Sarabia, custodiado hoy por Casa Dúo. Frente a sus teclas se turnaron tres pianistas provenientes del occidente venezolano: Luis Samuel Flores, Luis Sierra y Pablo Hidalgo, cuyo arte cruzó la geografía nacional para encallar en el oriente.
La música brotó con Luis Samuel Flores, quien sacudió la sala gracias a la densidad romántica de Frédéric Chopin, reviviendo a la Polonesa Op. 40 N.º 2 y al Estudio Op. 25 N.º 1. Sin dar tregua al silencio, Luis Sierra tomó el relevo en el teclado y transformó el pulso con una selección de las Piezas infantiles del andino Pedro Simón Rincón, un paseo contrastante de compases juguetones staccatos a sutiles moderatos. Sierra pausó el programa para colgar una nota de nostalgia: dedicó la pieza Haiku a la memoria del recién fallecido profesor a Rafael Saavedra, para luego recuperar la vanguardia criolla con Magic Dream y Chachachá —de las Piezas para niños menores de 100 años de Federico Ruiz— y despedirse con el estándar de jazz El viejo puente en La Pastora, de Gerry Weil, y el joropo El Negro José, de Aldemaro Romero.
El cierre cronológico de la noche perteneció al maestro marabino Pablo Hidalgo, quien trajo la añoranza de su tierra natal desde los primeros acordes. Su intervención abrió con Luna de Maracaibo, de Lionel Belasco, seguida de la adaptación pianística del célebre Vals N.º 3 "Natalia" de Antonio Lauro y estalló en el clímax definitivo con la vertiginosa ejecución de El Diablo Suelto, de Heraclio Fernández. Una interpretación prodigiosa que clausuró el recital en minutos extendidos de aplausos y ovaciones de pie, sellando una noche que ya se inscribió en la historia cultural de Lechería.

ALIANZA CULTURAL. Los pianistas occidentales Luis Samuel Flores, Luis Sierra y Pablo Hidalgo unieron su arte en Lechería; un intercambio idiosincrático y musical que solo se hace posible a través de plataformas como el Festival Clave 88.
